Tipos de carácter.

El carácter se clasifica en nervioso, apasionado, colérico, sentimental, sanguíneo, flemático, amorfo y apático.

El concepto de carácter es complejo, ya que este puede hacer referencia a una serie de características y de condiciones que el sujeto presenta en su actuar, teniendo todas estas que ver con su temperamento, temple y su personalidad.

El carácter es parte del sujeto, pero este no viene predefinido por la naturaleza, es decir, este no viene dado por el nacimiento, por lo que no deviene de la genética, sino que por el contrario este sucede como consecuencia de la interacción del sujeto con el mundo exterior.

En efecto, el carácter se forma como consecuencia del roce del sujeto con la sociedad, lo que poco a poco va formando su modo de actuar y de reaccionar ante las circunstancias que le rodean y los demás sujetos que existen a su alrededor.

¿Cuáles son los tipos de carácter?

Nervioso.

Contrario a lo que su denominación pueda mostrar se trata de un carácter donde la persona al principio se encuentra en estado de reposo, es decir, se encuentra inmerso en una apaciguidad y calma, pero ante cualquier estimulo del exterior este puede fácilmente exaltarse, todo dependiendo de sus gustos y predisposiciones.

Evidentemente estamos en presencia de un sujeto, que aunque no lo parezca es muy sensible y puede en ocasiones llegar a un estado máximo de impulsividad, dependiendo de los factores endógenos con los cuales pueda rozarse, es por ello, que resulta fundamental su trato con las personas desde la edad temprana.

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Algunos aluden que este carácter puede moldearse, con al sociabilización debida, ya que en la mayoría de los casos se trata de sujetos que son retraídos e introvertidos, siendo de difícil acceso, conductas que pueden ser advertidas desde temprana edad.     

Apasionado.

Un sujeto por igual emotivo, pero que al contrario del nervioso, manifiesta por completo sus emociones sin presentar limitante alguno, de igual forma, se trata de un sujeto que puede expresar con tranquilidad sus emociones sin presentar exacerbación alguna.

Pues contrario a lo que se pueda pensar, estos pueden modular sus sentimientos, de hecho, pueden controlar lo que sienten con gran facilidad, sin embargo, es en la psiquis de los mismos, que suele almacenarse recuerdos o sensaciones que pueden conducirlo de forma incorrecta hacia la vida.

Indicamos ello, porque muchas veces se dejan llevar por sus emociones a largo plazo, permitiendo que estas desplieguen en sí una serie de pensamientos, que resulten nocivos en contra de su integridad mental, y que dependiendo de la magnitud de los mismos pueden conducirlo a afectar su humanidad o la de terceros.  

Colérico.

Se trata de un carácter bastante evidente, en el cual, la impulsividad domina a la persona, tanto en un aspecto negativo como positivo, este carácter hace que la persona actué en ocasiones con prontitud antes de pensar en las consecuencias de igual forma puede devenir en una serie de conductas erráticas, que le puede ocasionar sumos perjuicios.

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Son personas que les cuesta controlarse, o bien que no pueden colocar limites a sus ímpetus, haciendo con ello, que sus acciones puedan ser vistas como violentas o adversas al patrón normalmente aceptado por la sociedad, a la hora de brindar una respuesta, es por ello, que se les considera exageradas y fuera de contexto en ocasiones.   

Es menester, que para que este temperamento no resulte en consecuencias negativas, la persona sea sometida a terapias o bien a actividades que consuman su energía retenida, pudiendo así canalizar su genio.

Sentimental.

Algunos consideran que se trata de un carácter general en comparación al colérico, considerando a este último como una parte de aquel, por cuanto en este, las emociones dominan la vida del sujeto quien actúa conforme a las mismas, y lo que le dicte el corazón, evidentemente estamos haciendo referencia a un sujeto que resulta sensible y susceptible a todo cuanto sucede en su exterior.

Pudiendo esto en la mayoría de los casos ser un problema, ya que puede conducirlo a la falta de control, a situaciones incomodas, o bien a la manifestación exacerbada de las mismas que lo conduzcan a actuar de forma no correcta, que pueden colocarlo en situaciones sociales incomodas o bien tóxicas.

Sanguíneo.

En este caso, es una persona que tiene plena inclinación hacia sus estados fisiológicos, o bien hacia sus necesidades básicas, son personas que anteponen la satisfacción de sus deseos ante cualquier situación, pudiendo en la mayoría de las ocasiones no prevenir el malestar que ello pueda causar en los demás, por lo que tienden a ser egocéntricos y ególatras, son excluyentes tratándose en todo caso de personas egoístas.   

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Flemático.

Aquellas personas que muestran un orden meticuloso para la acción y la reacción, son sujetos enteramente racionalistas, por lo que pueden ser algo lentos para reaccionar pero concisos en sus respuestas.

Además estos pueden no tener mayores intereses por las cosas mundanas o sociales, suelen ser retrotraídos, y tienen un círculo social muy exclusivo y excluyente, en el cual, le gusta juntarse con personas de sus mismos intereses.

La frialdad de sentimientos, es uno de los rasgos más notorios, ya que no son personas expresivas como tampoco suelen demostrar afecto con regularidad, ni manifestación de agrado o de desagrado, por lo que resultan predecibles en su rutina diaria, ya que son estrictos en el control y aplique de reglas.

Amorfo.

No presentan interés por las cosas que le rodean, viven el día a día de forma normal, se guían por el devenir del tiempo, sin presentar interés alguno por el sentir de los demás, son personas quietas y en ocasiones flojas, que les cuesta manifestar sentimientos y demostrar afectividad, como por igual, les cuesta sobrellevar algún tipo de actividad.  

Apático.

Desatendidos de su entorno y de las personas que le rodean, en ocasiones presentan problemas para expresarse verbal y conductualmente, algunos expertos señalan que se tratan de personas que pueden presentar problemas cognitivos desde temprana edad, por lo que no puede adaptarse a las conductas sociales aceptadas, viéndose en ocasiones como desadaptados.    

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