1 Ejemplo de crónica personal

¿Qué es una crónica personal?

Se entiende por ésta, aquella que consiste en una especie de autorretrato que se hace el propio autor de la crónica sobre sí mismo, es decir, que el creador de la crónica procede al relato de un evento o serie de hechos que han ocurrido en su vida, y que han tenido una gran connotación en su actualidad.

Ejemplo de crónica personal

Características de la crónica personal

Conviene advertir que la crónica personal, presenta una serie de rasgos bastante marcados que la distinguen de las demás:

  • Relata la historia de un solo personaje, cuál es el autor de la crónica, en efecto, si bien pueden intervenir otros personajes, estos solo lo harán en un plano referencial, ya que en la misma no cuentan con intervención y tampoco actúan en carácter testigos, porque no son parte principal de este.
  • Al ser una crónica personal, necesariamente interviene el criterio subjetivo del autor, es así, como se pueden contemplar opiniones, experiencias y demás vivencias que solo pertenecen a su protagonista, por lo que todo el relato será expresado desde la perspectiva de este.
  • Los hechos son narrados en orden cronológico, sin embargo, este puede ser alterado atendiendo a la prioridad que el mismo protagonista le confiera a los hechos, de este modo, la temporalidad puede ser suprimida o pasada a segundo plano por la importancia que cada hecho tenga para el narrador.
  • La narración siempre se realiza en primera persona, pues evidentemente el relato lo narra quién es el protagonista, de este modo, se pierde por completo la posibilidad de intervención narrativa de un tercero.

Modelo de crónica personal

Con el propósito de que conozcas cómo se realiza una crónica personal, vamos a plantearte a continuación un ejemplo:

  1. Crónica Personal, retrato hablado de un adiós

Todo pasó tan pronto que me parece increíble lo expedito que todo empezó y que todo termino, es así, como sentí el vacío que solo dejan las pérdidas de golpe, tal es el caso, que cada vez que veo por la ventana me siento morir viéndola pasar tomada de manos de otro y con el hijo que alguna vez pudo haber sido mío.

Me parece increíble que yo la haya conocido, la haya invitado a comer ese día, y bajo el dulzor de un bocado de helado de mantecado, nos hayamos dado el primer beso, reconozco que no era una mujer espléndida, pero tenía algún secreto, algo en la mirada que atraía de forma innata a todo aquel que la miraba.

Tal vez era su modo de caminar, o su tono dulce al hablar, al decir por favor y gracias, la manera de atender a quien hablaba, lo cierto es que poco a poco a medida que se compenetra con ella, no podía despejarle la mirada y lo mismo sucedía con demás hombres, mi inseguridad fue haciendo estragos y mis celos me enloquecieron.

Es así, como cada día que salía la llamaba constantemente, no me gustaba que saliera sola, por lo que siempre acudía a sus compromisos, me olvide de mí por completo, pero también me olvidé de ella, mi obsesión era por todo hombre que se acercara y me pudiese quitar el amor de ella.

En una de nuestras acaloradas discusiones, al furor de los gritos la empuje hacia la pared, y vi en su rostro el temor que me tenía, aunque rápidamente la abrace y me arrodille para el perdón, su mirada no dejaba de nublarse y las lágrimas comenzaron a caer, el beso de despedida me supo amargo.

Pasaron los días y no contestaba, en su casa la negaban, pasé días enteros esperando verla, pero nada, ahora que me asomo desde la ventana de mi trabajo, la he vuelto a mirar feliz y de la mano de quien seguro la amará, pero no más que yo.

 

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