El merengue es una de las preparaciones más emblemáticas y versátiles de la repostería mundial. Con su textura aireada, su dulzura característica y su capacidad para transformarse en múltiples formas, ha conquistado paladares y desafiado a reposteros durante siglos. En esencia, el merengue es una espuma estable formada por claras de huevo batidas y azúcar, donde las proteínas de la clara atrapan minúsculas burbujas de aire, creando una estructura ligera y esponjosa.
Sin embargo, no todos los merengues son iguales. Su método de preparación, la temperatura y la forma de incorporar el azúcar definen sus características, usos y estabilidad.
Conocer los tres tipos principales—francés, italiano y suizo—es fundamental para cualquier amante de la repostería que quiera dominar desde coberturas ligeras hasta bases de bizcochos o delicadas decoraciones.

1. Merengue Francés (o Común)
El merengue francés es el más básico, sencillo y el que se utiliza con mayor frecuencia en hogares. Se prepara batiendo claras de huevo a temperatura ambiente hasta punto de nieve (cuando forman picos suaves) para luego incorporar el azúcar granulado de forma gradual, batiendo hasta conseguir picos brillantes y firmes. La proporción clásica suele ser de 50 gramos de azúcar por cada clara de huevo, aunque puede variar.
Características y usos:
- Textura: Es el más ligero y el menos estable de los tres. Tiene una textura aireada pero puede «llorar» (liberar líquido) o desinflarse con relativa facilidad, especialmente en ambientes húmedos.
- Cocción: Requiere cocción a baja temperatura (unos 100°C) durante un tiempo prolongado para secarse sin tomar color.
- Aplicaciones: Es ideal para usos donde se horneará inmediatamente y se consumirá pronto. Se utiliza para hacer suspiros (merenguitos), topping de pies de limón, decoración de bizcochos (que luego se gratina brevemente), o como base para mezclar en bizcochos ligeros como el dacquoise.
Consejo clave: Para mayor estabilidad, se puede añadir una pizca de sal, unas gotas de jugo de limón o ácido tartárico (cremor tártaro) al inicio del batido. Esto ayuda a desnaturalizar las proteínas de la clara de forma más eficiente.
2. Merengue Italiano
El merengue italiano es el más estable de todos y el que ofrece una textura más sedosa y brillante. Su preparación es un poco más técnica: se hace un almíbar caliente (generalmente a 118°C – 121°C, punto de bola blanda) con azúcar y agua. Mientras, se baten las claras a punto de nieve. Luego, con la batidora en marcha, se vierte el almíbar hirviendo en un hilo fino sobre las claras, sin tocar las paredes del bol o las varillas. El batido continúa hasta que el merengue se enfríe completamente y forme picos firmes y brillantes.
Características y usos:
- Textura: Extremadamente estable, brillante y con una textura densa pero suave. Al cocer el azúcar en almíbar, se pasteuriza, por lo que es seguro para consumir sin hornear posterior.
- Seguridad: Es el único merengue considerado seguro para consumir crudo, ya que el calor del almíbar cocina las claras.
- Aplicaciones: Es el rey de las cremas y rellenos. Es la base de la mantequilla italiana (Buttercream italiano), esencial para rellenar y decorar tartas y cupcakes de alta repostería. También se usa para glasé real, mousses, bavarese y como componente en postres de vajilla como el Tiramisú.
Consejo clave: El éxito de este merengue depende de la temperatura exacta del almíbar y de verterlo lentamente para no cocinar las claras de golpe y crear grumos.
3. Merengue Suizo
El merengue suizo es un término medio perfecto entre la facilidad del francés y la estabilidad del italiano. Su método es singular: las claras y el azúcar (en la misma proporción que el francés) se colocan en un bol resistente al calor (de metal o vidrio) que se sumerge a baño María sobre agua hirviendo, sin que el agua toque el fondo del bol. Se calienta la mezcla, revolviendo constantemente, hasta que el azúcar se disuelve completamente y la mezcla alcanza los 50°C – 60°C. Luego se retira del calor y se bate hasta que esté frío y forme picos firmes.
Características y usos:
- Textura: Muy estable, más denso y menos brillante que el italiano, pero más firme que el francés. Tiene una textura fina y sedosa.
- Seguridad: El calentamiento a baño María también pasteuriza las claras, por lo que es seguro para consumir sin hornear.
- Aplicaciones: Es el favorito para decoraciones que deben mantener la forma perfectamente, como los pavlovas, los merengues para tartas (pipping detallado), macarons y vacherins. También es excelente para buttercreams suizos y como base para mousses.
Consejo clave: Asegurarse de que no queden granos de azúcar sin disolver durante el calentamiento es crucial para obtener una textura lisa. No sobrecalentar, o las claras podrían comenzar a cocinarse.
Resumen Comparativo y Errores Comunes
| Característica | Francés | Italiano | Suizo |
| Método | Batir claras + añadir azúcar. | Claras batidas + almíbar caliente. | Calentar claras y azúcar al baño María + batir. |
| Estabilidad | Baja. | Muy Alta. | Alta. |
| Textura | Ligera, aireada. | Sedosa, brillante, densa. | Fina, firme, sedosa. |
| Consumo | Debe hornearse. | Seguro crudo. | Seguro crudo. |
| Uso típico | Suspiros, toppings gratinaos. | Buttercreams, rellenos. | Decoración, macarons, pavlovas. |
Errores a evitar:
- Grasa en el utensilios: Cualquier traza de grasa (yema, aceite) en el bol o las varillas impedirá que las claras monten.
- Claras frías: Es más fácil batir claras a temperatura ambiente.
- Añadir el azúcar demasiado pronto: En el francés, se debe añadir solo cuando las claras formen espuma blanda, nunca al inicio.
- Batido insuficiente o excesivo: Batir hasta punto de nieve firme, pero no hasta que se vean grumosas y secas (se «cortan»).
Dominar estos tres tipos de merengue abre un universo de posibilidades en la repostería. Cada uno es una herramienta distinta: el francés para lo simple y horneado, el italiano para lo sublime y crudo en cremas, y el suizo para lo preciso y decorativo.
Con práctica y atención a los detalles, podrás incorporar esta técnica clásica para elevar tus postres a un nivel profesional, logrando texturas, sabores y presentaciones espectaculares. La próxima vez que una receta te pida «merengue», podrás elegir con conocimiento cuál es el perfecto para tu creación.
